Los Libros: 'Cómicos en guerra: Historias del mundo de la escena y el cine en la Guerra Civil'
Federico charla con Andrés Amorós y Pedro Corral sobre Cómicos en guerra, el último libro de este último.
En una nueva entrega de la sección de libros de Es la Mañana de Federico, Federico Jiménez Losantos y Andrés Amorós reciben a Pedro Corral, periodista e historiador de referencia sobre la contienda española, para comentar su última obra: Cómicos en guerra: Historias del mundo de la escena y el cine en la Guerra Civil. El libro, publicado por La Esfera de los Libros, ofrece un recorrido exhaustivo de casi quinientas páginas sobre cómo el conflicto fratricida afectó al mundo de la farándula, revelando una realidad que dista mucho de la imagen idílica y angelical que la historiografía de izquierdas ha intentado imponer sobre la Segunda República.
Andrés Amorós destaca el inmenso trabajo de documentación realizado por Corral, basado fundamentalmente en la hemeroteca y en libros de memorias olvidados, ediciones raras que a menudo la propia familia del autor prefiere ignorar por lo crudo de sus testimonios. La obra no solo se centra en los horrores y espantos propios de una guerra, sino que también recoge anécdotas pintorescas y situaciones surrealistas que se vivieron en ambos bandos.
Uno de los puntos más impactantes del libro es el tratamiento de la figura de Federico García Lorca. Corral aporta datos sobre la verdadera razón por la que el poeta no huyó a América: su último y tormentoso amor por Rafael Rodríguez Rapún, destinatario de los Sonetos del amor oscuro. Además, se rescatan declaraciones de Antonio Machado, quien afirmó con amargura que "Granada pudo defender a su poeta", sugiriendo las responsabilidades locales y personales en su trágico destino. También se menciona el destino de La Barraca tras la muerte de Lorca, que pasó a ser dirigida por un supuesto falangista de la quinta columna, evidenciando las paradojas del momento.
La conversación aborda con especial agudeza la censura republicana, un tema habitualmente silenciado. Resulta revelador cómo el gobierno del Frente Popular llegó a prohibir representaciones de El Tenorio por sus alusiones religiosas o a censurar obras de Calderón de la Barca. Incluso figuras como Rafael Alberti sufrieron el rigor de los censores de su propio bando cuando sus críticas a los dictadores no se ajustaban a la conveniencia política del momento. Este sectarismo ideológico demuestra que la libertad de expresión era un lujo inexistente en el Madrid de las checas.
Un ejemplo fascinante de las contradicciones de la época es la historia de Valentín Tornos, el recordado Don Cicuta. Antes de convertirse en un icono televisivo, Tornos fue miliciano y policía republicano, participando en detenciones en el Madrid revolucionario. Corral relata cómo el actor fue denunciado tras la guerra por el padre de un joven asesinado en Paracuellos. Sin embargo, décadas después, terminaría recibiendo la Medalla al Trabajo de manos del Rey Juan Carlos I, un reflejo de la complejidad de la supervivencia y la reconciliación en la España del siglo XX.
Federico Jiménez Losantos interviene para subrayar el carácter diabólico de la destrucción del patrimonio artístico y religioso durante la guerra, especialmente en lugares como Barcelona, donde se quemaron kilómetros de retablos y se asesinó a miles de personas en pocos días. Esta barbarie, nacida de un odio irracional a la belleza y a la tradición, se entrelaza con las historias de actores y empresarios teatrales que aprovecharon el caos para denunciar a sus rivales y quedarse con sus papeles o sus negocios. La traición entre compañeros de escenario es una de las constantes más tristes del libro.
El caso de Pedro Muñoz Seca también ocupa un lugar central. Se desvela cómo el autor de La venganza de Don Mendo pudo haber sido liberado, pero las autoridades republicanas, bajo el pretexto de que estaba más seguro en la cárcel, permitieron que fuera sacado para ser ejecutado. El testimonio de su paso por la checa del Palacio de Medinaceli y su entereza ante la muerte contrastan con la mediocridad y crueldad de sus captores, como el actor Avelino Nieto, quien participó en su detención a punta de pistola pese a haber interpretado previamente papeles de sacerdote.
Finalmente, Pedro Corral y los tertulianos coinciden en que la Guerra Civil sacó lo mejor y lo peor de la condición humana en ambos bandos. El libro es una llamada a la lectura y al conocimiento de nuestra historia real, alejada de los dogmas de la memoria democrática oficial. Como conclusión, se lanza una advertencia contra quienes hoy pretenden levantar muros entre españoles, recordando que la fraternidad y los gestos de humanidad entre enemigos fueron lo único que arrojó algo de luz en mitad de la barbarie fratricida que asoló el mundo de la cultura.